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lunes, 1 de junio de 2009

Todos los hombres y todas las mujeres


Siempre es un error generalizar, aunque seguimos haciéndolo aunque sólo sea por ahorrar tiempo y energía en especificar y también, taal vez, por falta de costumbre. Creo que hay algo de catárquico en frases como "Todos los hombres son iguales" o "Todas las mujeres son iguales" cuando te sientes herido. El caso es que todos somos muy diferentes si analizamos uno a uno, pero a otro nivel somos bastante parecidos (comemos, andamos en dos piernas, amamos (el que sepa y se deje), respiramos, tenemos necesidades similares, compartimos información genética...). Con lo fácil que es cambiar TODOS por ALGUNOS.

No he escrito nada del hombre encarcelado preventivamente (como si la privación de libertad preventiva fuera menos privación) por acusaciones de maltrato a su mujer que ahora se sabe que son mentira. Hay que añadir la prohibición de ver al hijo de ambos, que es otra condena extra, también basada en acusaciones falsas. Ahora que veo a esa mujer, loca o simplemente mala, llorar ante la cámara asegurando lo mal que se pasa siendo una mujer matratada y el infierno que ha pasado, sabiendo que todo es falso, se me revuelve el estómago y me planteo cuántas películas con subvención se van a hacer, con la colaboración y apoyo de alguna cadena de televisión, el instituto de la mujer de turno o del Ministerio de Justicia, al menos.

Pero no puedo callarme al leer las declaraciones de un hombre, el médico forense Miguel Lorente, con puesto oficial, delegado del gobierno para la violencia de género y la igualdad (todo minúsculas, no merece más), que dice que en realidad no se ha demostrado que sea todo falso, que esto son casos aislados, y que si esto es así, cómo es que el injustamente encarcelado, la víctima, no ha denunciado inmediatamente a la mujer mentirosa. Y a ver quién no ve el paralelismo con barbaridades (convenientemente publicitadas, denunciadas, señaladas) como "Es que llevaba la falda muy corta", "Algo habría hecho", "Si es que lo están pidiendo", "Si le ha zurrado que lo denuncie y si no que se calle"... y cosas así. La víctima miente, es culpable, lo merece... la misma salvajada pero aplicada de hombre a hombre.
¿Cómo se sabe que estos casos de denuncia falsa son mínimos si los hombres ni lo cuentan, simplemente lo padecen? ¿quién restituirá lo perdido a este hombre? ¿vamos a ver en la cárcel a esa mujer?

Pero este dislate va a más y dice la noticia:
En su opinión, supone "jugar con la noticia de una posible denuncia falsa en el sentido de que la ley desprotege a los hombres, lo cual es también una interpretación inadecuada porque la ley integral no va contra los hombres, sino que actúa en los casos en que los hombres maltratan".

¿Jugar con la noticia? ¿y qué ha pasado durante todo este tiempo en el que los medios de comunicación han jugado con noticias de maltrato, violencia de género? ¿y los juegos ministeriales? Efectivamente, LA LEY DESPROTEGE A LOS HOMBRES Y LES SITÚA EN UN RANGO INFERIOR, YA NO SON IGUALES ANTE LA LEY... y eso es algo intolerable, que hay que denunciar sin tregua, y quien vote al partido político que lo apoya, es cómplice. ¿Dónde están los partidos políticos para exigir que estas situaciones no se repitan?¿asociaciones de jueces?¿plataformas de todos los colores?

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Grandes y las mujeres

Ayer no escribí nada sobre el maltrato machista. A pesar de tanta publicidad, el trabajo me puede, y me enteré de que era el Día contra el Maltrato Machista mientras leía en un mail que narraba la "hazaña" de Almudena Grandes*.

Que un hombre humille a una mujer y le diga barbaridades como que le gusta ser violada ("¡¡Anda, calla, que seguro que te gusta!!") es inadmisible, pero que lo diga una mujer, no lo es menos. No sé si la señora Grandes ha tenido el dudoso placer de ser violada, tal vez lo fue y le gustó. Pero me temo que los tiros van por otro lado. ¿Habría dicho lo mismo si las violadas hubieran sido mujeres comunistas y los milicianos sudorosos, legionarios corpulentos?¿el gustirrinín que supone se debe a que esas mujeres eran monjas? Porque mucho me temo que ese es el meollo.

Debe ser que las monjas son menos mujeres porque renuncian al sexo y no merecen el mismo respeto que las demás, aunque su elección (me guste, me disguste o me dejé como estoy) sea libre. Debe ser que el acto sexual ES lo que define a la mujer, como tantos hombres (y mujeres) machistas piensan. De la misma forma, la longitud del miembro viril sería la medida de la hombría. Y probablemente tendría sentido esa frase tan odiosa "Yo le enseñé a sentirse mujer" aludiendo al mismo tema. Y un chaval se convierte en hombre por arte de magia a base de "polvos mágicos" (y a la antigua, oiga, pagados por papá en la mejor casa de fulanas).

¡Y yo que pensaba que esta chica era modernísima! Qué sorpresa...

Ha pedido perdón. También los hombres que zumban a sus parientas sistemáticamente les piden perdón, les hacen regalitos, les compran flores y les juran que nunca más. Hasta la siguiente. ¿Se imaginan a un hombre haciendo esas declaraciones? Le machacan... pero en este país, hombres y mujeres no somos iguales ante la ley, así que la Grandes se aprovecha. Ninguna feminista, después de tantos años luchando por conseguir esa IGUALDAD ante la ley, puede más que avergonzarse de que tiparracas como ésta alardeen de serlo y encima se quede tan pancha.

¿Dónde están los Institutos de la Mujer repartidos por nuestra geografía y financiados con mi dinero y el suyo, dónde están las feministas de pro que se escandalizan con los anuncios de Dolce & Gabbana, dónde la Ministra Aído, la vicepé de la Vega, las vestiduras rasgadas...? No me conformo con un "jo, tía, te has pasado"... quiero que se arrepienta de verdad, que le duela en el bolsillo, que se vea arrinconada y que la señalen por la calle... como sucedería si lo hubiera dicho un hombre de derechas acerca de las mujeres del bando republicano violadas.


* Las palabras de Almudena Grandes fueron: "¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?"

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿Deberían cobrar el mismo sueldo hombres y mujeres?


Hoy España está de luto... ni con un Ministerio entero avanzamos, oiga... Hemos retrocedido siete puestos en el ranking de igualdad laboral de sexos. Las causas aducidas son la desigualdad salarial entre hombres y mujeres que ocupan puestos iguales, y la poca presencia en los puestos de poder. Es decir, el golpe de mano femenino forzoso en los ministerios, no es suficiente. La osadía de Bibiana Aído (y olé) no es suficiente. Las féminas de este país tienen poco poder. Puestos de poder, faltan puestos de poder... toma de decisiones importantes... porque educar hijos es irrelevante, ¡dónde va a parar! no entraña el poder de moldear las mentes de las futuras generaciones.

Pero bueno, entiendo lo que dicen... que laboralmente nos quedamos a medio camino. Prepárense, señores empresarios, que estas chiquillas se les van a meter en la empresa a golpe de Ley de Igualdad, a decirles a quiénes deben nombrar en sus Consejos de Administración. No van a permitir que las mujeres que lo merecen sin "patada ascendente" lo consigan solas, van a forzar las cosas. Como el ambiente está poco enrarecido, pues nada, ¡más candela al fuego!

Pero el primer punto es el que no termino de entender. Supongamos que una mujer y un hombre que ocupan un puesto de la misma categoría y las mismas características, cobran diferente sueldo: el de la mujer notoriamente inferior. ¿Es injusto? Pues sí. ¿Es ilegal? No debería serlo, a mi entender.

Imaginemos que soy yo la mujer "afrentada". ¿Firmé un contrato en el que se me aseguraba el mismo sueldo que cualquiera que hiciera el mismo trabajo que yo? Si así fuera se trataría de incumplimiento de contrato, la demanda judicial estaría completamente justificada. Pero si yo firmo un contrato referido al trabajo que yo realizo, a mi cualificación y al salario que voy a recibir por ello, no tengo derecho a protestar.

Y además ¿qué sentido tendría? Si el hombre es mejor que yo, se merece cobrar más. Si no lo es, el problema es del contratador, no mío. Esta injusticia está costando dinero a quien emplea a un tipo peor que yo por un sueldo mayor. Yo estoy cobrando lo que pacté. La envidia es humana, pero ¿debe ser protegida por la ley? Yo creo que no.

¿Tienen que acceder a los mismos puestos de trabajo hombres y mujeres? Pues depende... es que no somos iguales. Ni las mujeres entre nosotras: en capacidad mental, en manera de funcionar, en complexión física. Ni los hombres son iguales entre sí (aunque algunas se olviden de eso y prefieran generalizar). ¿Por qué habríamos de acceder todos al mismo trabajo?. Sí creo que todos, ellos y nosotras, deberíamos poder contratar libremente y tener la oportunidad de intentarlo... pero no a costa de nadie.

¿Para qué sirve ese ranking y qué credibilidad tiene ya es otra cosa... Pero, en cualquier caso, si tanto les horripila tamaña injusticia, échenle imaginación.
Señoras, monten una empresa en la que el sueldo de las mujeres sea superior al de los hombres, en igualdad de condiciones.

¿Se quedarán tranquilas las feminazis acomplejadas?

jueves, 11 de septiembre de 2008

¡Discrimíname!


¿Recuerdan ustedes la famosa canción del famoso matrimonio Ana y Víctor que decía "Contamíname"? La gracia de la cancioncilla, nada demagógica ni oportunista en este mundo multicultureta, era que se cambiaba el signo peyorativo del verbo contaminar, y se pedía "contamíname" de manera morbosa e insinuante.

Tal vez ustedes piensen que el título de mi post trata de emular a estos dos representantes de la cultura solidaria bermeja en la que vivimos, pero justo intento lo opuesto. Mientras que contaminar es claramente negativo, discriminar no lo es necesariamente. De las dos acepciones que aparecen en el diccionario de la RAE (ya, no es el María Moliner, lo sé) una es neutra: seleccionar excluyendo.

El otro sentido es dar un trato peyorativo a una persona o grupo de personas por motivos de raza, religión o lo que sea.
Obviamente, con el título de la entrada no les insto a que me traten peor por ser mujer, pelirroja, gafotas, bajita, o de Madrid. Pero sí les animo a que me excluyan y no me seleccionen si lo que les cuento les da lo mismo, si tienen alergia a mi persona, si me consideran inferior por ser mujer, blanca, libertaria, o por la razón que sea. Todo el mundo tiene derecho a discriminar, a no seleccionar a quienes no les resulten afines, en el ámbito privado. Y eso incluye la empresa, la casa, la urbanización privada, los lugares privados de ocio...

Cuenta Wendy McElroy en su artículo Gender Issues in the EU Charter of Fundamental Rights que Voltaire se planteó cuál era la razón por la que en la Inglaterra de su época convivían diversas culturas y religiones mientras que en Francia resultaba imposible. La razón era la libertad para discriminar en el ámbito privado sin que ello fuera un obstáculo para el libre comercio. Señala el filósofo francés cómo en la Bolsa de Londres se mezclaban representantes de todas las nacionalidades y culturas (judíos, musulmanes, cristianos), pactando y negociando unos con otros como si fueran de la misma religión, y reservando el nombre de infiel para aquellos que caen en bancarrota.

Eso sí, fuera de la arena de los negocios cada uno en su casa y punto. No tengo que ser tu amigo, mezclarme contigo, compartir nada contigo y los tuyos si no quiero. Y ese derecho a la discriminación era lo que posibilitaba la perpetuación de cierta armonía social. Por el contrario, en Francia los planificadores, padres de la obsesión planificadora buenista que nos asola, trataban de imponer la armonía social, la convivencia, la tolerancia, desde arriba. Resultado: ánimos crispados, contrariedad o ira reprimida, y batacazo final cantado.

¿Defiendo que un empresario me pague menos por ser mujer? Si mi rendimiento es menor que el de los hombres, sí. Si le caigo mal, sí. Si lo hace porque soy mujer, sí. Mientras haya igualdad ante la ley (ya no la hay gracias al Ministerio de Igualdad) quiero ser yo quien decida si quiero trabajar por menos dinero que un hombre incluso si valgo más que él.

¿Y que vamos a hacer los pobres discriminados no contratados por esos facinerosos intolerantes? Pues competir: monte usted una empresa de inmigrantes, de mujeres, de libertarios, de homosexuales, de negros, amarillos, verdes, en una palabra, de discriminados... demuestre que puede ofrecer lo mismo a mejor precio, o un producto o servicio mejor.

El derecho a dar cerrojazo en mi bar, en mi casa, en mi tienda, en mi banco, o en mi colegio a aquellas personas que yo decida (sea por motivos honorables o mezquinos) asegurará que participe de la vida social y económica en paz. Y además, aprenderé a respetar a los diferentes que me superen.

Claro que todo suena irrealizable. Lo es. Nuestro sistema político nos corta las alas a la hora de educar a los niños, de montar empresas y de realizar cualquier actividad. Nuestro sistema jurídico no asegura la igualdad ante la ley. Las políticas totalitarias del rancio feminismo colectivista se encarga de que las mujeres pasemos de los brazos del padre a los brazos del marido y de ahí a los del Estado, y nos siguen tratando como inútiles, en vez de no meterse en las decisiones individuales de cada una. Y encima la mayoría parece encantada de la sobreprotección. Y esto es aplicable no solamente a las mujeres, también a los demás "colectivos" (con perdón), a los grupos que se sienten discriminados, que lo han sido, que lo son y que lo serán. Está en la naturaleza del hombre. La discriminación del extraño nos ha permitido salvaguardar nuestra tribu, nos arropa, asegura nuestra defensa, nos permite madurar... sin qe sea incompatible con el libre comercio, el libre intercambio.

sábado, 14 de junio de 2008

Alfonso el Batallador


¿Imaginan? El mismo que preguntaba si Berlusconi no es un delincuente cuando el presidente de Italia bromeaba sobre el número de ministras del actual gobierno se ha desmarcado y ha hecho una de las suyas.

¿Qué ha sido esta vez? Pues nada... declarar que porque una mujer diga que ha sido maltratada no hay que postrarse de rodillas a sus pies y que si la élite quiere imponer la palabra miembra que lo vaya olvidando. Y a mi que me enseñaron que genuflexiones sólo ante Dios, de momento me parece bien eso de no postrarse ante nadie.

Y claro, en cero-coma-nada se han lanzado las de la plataforma pro-hembra a despellejar a este señor. ¡Como si no tuviera él años y años de despellejar y dejarse quitar el pellejo en el mundo político!

Hay que recordar que éste es el mismo Alfonso Guerra que en el 2006 dijo refiriéndose a la "deriva nacionalista" de los socialistas de provincias:

"Salvando todas las distancias, algo parecido ocurrió en el momento de la disolución de la URSS, en el que los dirigentes comunistas, viendo que aquello se disolvía, se envolvieron en las banderas nacionalistas de las repúblicas en que vivirían para seguir manteniendo el poder. Algo de eso, aunque más sutilmente, está sucediendo en España"

Con dos narices, acusaba a sus compañeros de querer mantener el poder, como si él estuviera por encima del bien y del mal. Con la misma cachaza con la que ha desplantado el feminismo fuera de órbita de Aída.

Sin duda, Guerra echa de menos la primera etapa socialista, cuando llevarse a su chica a parir a Italia con cargo a presupuesto público, o colocar al hermano de uno era la rutina. Tiempos en los que acusaba a IU de pactar con los mismos que condenaban a muerte a sus familiares, refiriéndose al Partido Popular.

Recuerdo las letras de Antonio Burgos dedicadas a la dimisión de Guerra de la vicepresidencia:

Su hermano tenía un despacho
y los millones bien que atrincaba,
y Alfonso que era tan macho
como asistente lo respaldaba.
Alfonso tenía seis coches
y allá por Roche también chalé,
mujeres a troche y moche,
vaya un derroche, como un marqués.


Eso era trincar con clase, y no como ahora, provincianos separatistas y niñatas venidas a más, panda de ordinarios.... Menos mal que tenemos a Guerra dejando claro que en el socialismo... ¡aún hay clases!

No me resisto a incluir este artículo sobre las declaraciones de Guerra cuando clamaba prudencia ante el inminente Congreso del PSOE:

Para Guerra, el desarrollo del último Comité Federal, «en el que hubo gente jaleando posiciones de intransigencia, me parece un mal augurio». Reconoce su escaso optimismo respecto al resultado del próximo Congreso, y asegura que, pese a todo, trabajará para «elaborar un proyecto útil para todos y que permita el protagonismo compartido de todos».

Lo del PP, efectivamente, es un dejà-vu.

jueves, 1 de mayo de 2008

Mujercitas... más allá.

Decía al final de mi anterior entrada que me decantaría por el tema que más me afectara actualmente para escribir mi comentario del Instituto Juan de Mariana. Mujercitas habla del feminismo totalitario. Eso es lo que más me preocupa. Por el calado que tiene. Hay cosas que se me quedaron en el tintero y que me gustaría matizar.

¿Por qué Camille Paglia y Wendy McElroy siendo mujeres pueden darse cuenta de la barbaridad que supone ese feminismo totalitario para la socieedad y las mujeres españolas no?

Cierto que para decir las cosas tan claras como Camille Paglia hay que ser honesta como ella: bisexual que defiende al hombre masculino frente a la versión metrosexual tan de moda; feminista contra la acción afirmativa; atea que respeta la religión; piensa que el jihadismo es un peligro real e inminente para Occidente y, a pesar de ser demócrata, no le gusta su partido.

Para McElroy, estas medidas hacen más mal que bien. En primer lugar, porque limitan la libertad al obligar al empresario a contratar a mujeres, arrebatándoles la capacidad de decidir sobre su propiedad. La libertad tiene riesgos. Toda elección entraña discriminación, eliminas una opción para quedarte con otra. Y cuando la elección del empresario no cuadra con los objetivos de los políticos, algo hay que hacer, aunque para ello haya que pisotear la libertad del empresario.
Tampoco el argumento de la justicia compensatoria es válido. No se trata de que aquel que inflija un daño lo repare, sino que las feministas totalitarias defienden que son los hombres descendientes de quienes siglos atrás no trataron a las mujeres de entonces como iguales ante la ley, quienes cargan con la responsabilidad de resarcir a las mujeres de hoy, incluso si ya existe la tan ansiada igualdad.

¿Por qué Thomas Sowell, economista negro, es mirado con perplejidad cuando denuncia el daño de las políticas afirmativas y de la discriminación positiva, que pretenden acabar con la discriminación y son tan dañinas para todos y los analistas españoles andan con la misma monserga todavía?
El economista Thomas Sowell, en el artículo The Grand Fallacy: Equating Male-Female Differences in Salary with Discrimination, publicado en el Capitalism Magazine apunta que las capacidades potenciales de diferentes grupos no tienen por qué ser iguales, y que incluso si lo fueran, cada uno de ellos podrían no tener interés en desarrollarlos completamente, o de la misma manera que otros. También explica Sowell que la discriminación positiva, tal y como sucedió con la discriminación racial, solamente va a servir para que se vea cuestionado el trabajo de cualquier mujer y para que, al exigirles menos para poder cumplir la cuota, se convierta en una profecía autocumplidora.

Las políticas del Instituto de la Mujer denigran al hombre porque le discriminan. Pero también denigran a la mujer. La atan a la cadena de la subvención, la hacen dependiente de Institutos y Observatorios de la Mujer, fondos europeos, nacionales, autonómicos, locales (solamente el Instituto de la Juventud concedió 82.500 euros a la Federación de Mujeres Jóvenes en el año 2007). Y lo que es peor, la hacen responsable de atentados contra la libertad de empresarios (hombres y mujeres), pretenden adoctrinarla en esa Nueva Mujer Ideal, asexuada, alejada de la maternidad responsable, que no está orgullosa de ser lo que es, una mujer, diferente de un hombre, de un cyborg, que no necesita un comité de sacerdotisas al servicio de los políticos que le digan qué hacer, cómo, con quién, a quién votar, qué anuncio ver, qué comer, cómo vestir o qué fantasía sexual es adecuada...

No son los hombres tienen que salvarnos de esta barbaridad, de esta manipulación y este atropello. Somos nosotras las que tenemos que parar los pies a quienes nos humillan de esta manera, haciéndonos sentir mujeres de segunda solamente porque no participamos de su mente totalitaria y soviética. No en vano recordaba en mi comentario las palabras de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista cuando afirmaban:


domingo, 15 de abril de 2007

Las Chicas de la Luz Roja

Cincuenta y seis. Ese es el número de personas que comparecieron a lo largo de los primeros quince días de julio del 2006 en la "Ponencia para el estudio de la situación actual de la prostitución en España y la concreción de orientaciones y propuestas transversales que se deban desarrollar en todos los ámbitos", constituida en el seno de la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades. Filósofos, representantes de CCOO y UGT, psicólogos, expertos en temas de violencia contra la mujer, expertos en ayuda a las mujeres maltratadas y a las prostitutas, dos representantes de organizaciones de prostitutas, uno del COGAM, varios de las asociaciones de vecinos de Barcelona y catedráticos, muchos catedráticos, conforman este grupo de personas que han informado a la Comisión del Congreso que ha estado reuniéndose durante los pasados siete meses.

Las conclusiones son decepcionantes en los dos aspectos a los que se refiere. Por un lado, en cuanto al estudio de la situación actual de la prostitución, la principal conclusión es que la cosa está muy mal. Y eso es así, casi en términos absolutos, por la existencia de mafias que obligan a las mujeres a prostituirse, a las palizas, la extorsión, la prostitución infantil, y en fin, a los mismos problemas de siempre.

Por otro lado, las orientaciones concretas que se proponen, supuestamente de carácter transversal, que es un término tan progre, del que se abusa tanto y tan difícil de plasmar en la práctica, justamente por lo que significa, son una broma después de todo el trabajo, las consultas, los recursos de los contribuyentes gastados y el bombo que se la ha dado. No se criminaliza, no se penaliza a la mujer, pero no se legaliza, no se normaliza la actividad, se quiere castigar al cliente y, por descontado, al proxeneta y se recomienda, con la viveza y determinación que sólo quien sabe que tiene poder político exhibe en todo su esplendor, que se retiren los anuncios de los periódicos y de los medios de información y comunicación, en general.

Casi consolaría imaginar que quienes llegan a estos resultados, por deseperanzadores que parezcan, están convencidos de que es la solución y que el día en que no exista prostitución, que es su objetivo, llegará antes mejor que después. Pues no. Cuando los focos se apagan y los debatientes de la televisión se retiran a su ciudad, uno de los psicólogos comparecientes en esa Ponencia, confiesa avergonzado: "Es un bluff. Se ha llamado a mucha gente, pero los resultados no son concluyentes, no hay seguridad sobre los datos y no se han tomado medidas efectivas. No ha servido para nada. Pero esto no puedo decirlo ante las cámaras". Valiente, comprometido, profesional. Si todos los comparecientes son de esa catadura moral, no podía ser otro el resultado. Las chicas de la luz roja (como las llamaba Tico Medina en su reportaje) le dan las gracias.

La pregunta inmediata para una mente liberal es ¿cuál es la razón para abolir la prostitución? Pilar Rahola lo explica con claridad: no es una actividad, es una lacra para la sociedad. Constituye el máximo exponente de la dominación machista en el que está inmersa la sociedad en la que vivimos. Pero ese mantra, que repiten casi para que no se les olvide, disfrutando de la libertad de expresión y del auditorio que les proporcionan sus púlpitos políticos, periodísticos y televisivos, está trasnochado desde que Camille Paglia hizo un burruño con él y lo tiró a la papelera hace varias décadas. La prostitución, dice Camille, es el máximo exponente de la victoria de la mujer sobre el hombre dominador: ella fija el precio, el lugar y escoge el cliente. No se entrega en brazos del príncipe azul, no regala su amor... vende un servicio sexual, y saca adelante a su hija, o estudia, o se viste de Carolina Herrera, o hace lo que le da la gana con el resultado de su trabajo.

Pero la Comisión, Pilar Rahola y el feminismo colectivista represor que nos gobierna no lo ve así. La mujer debe ser respetada, pero el cliente y el proxeneta son explotadores. El empresario del sexo, que mantiene un local en condiciones higiénicas óptimas y cuida de sus chicas para lucrarse, como cualquier empresario cuida del bienestar de sus trabajadores, es estigmatizado como mafioso, maltratador, explotador, confundiéndole con quienes, aprovechándose del vacío legal, de la hipocresía de nuestros gobernantes y del mercado sumergido generado por la represión velada, secuestran, violan, drogan y venden mujeres y niñas en nuestro país. Un empresario de un local no está interesado en trozos de carne, está interesado en clientes satisfechos. Quienes sí están interesados son los buitres del mercado negro, hijo de la prohibición desde que el mundo es mundo.

Si es inmoral, no acuda usted a los servicios de estas señoritas que no hacen daño a nadie, excepto si se lo pide y le paga.
Si la prostitución es un síntoma de moral degradada es porque las elecciones alternativas son pobres. Y en un mercado laboral donde el salario mínimo es un sacramento electoral, las mujeres que se encuentren en las peores condiciones, las que no tienen formación, las que aterrizan en la ciudad seducidas por la esperanza lo tienen muy difícil. Las adolescentes con circunstancias terribles y familias desgarradas por la droga de drogas, la legal y más dañina -el alcohol- atrapadas por leyes que las consideran incapaces de trabajar porque sería explotación, pasan a engrosar las filas de prostitutas más demandadas, directamente o después de haber vivido en la calle y haber sido forzadas por el primer desgraciado que se encuentran. Las rigideces del mercado laboral y los "solidarios" políticos y sindicalistas defensores del salario "digno" para todos abocan a muchas mujeres mayores y menores a la sordidez de la prostitución. Los mismos que, en la Comisión, les niegan el pan y la sal por un puñado de votos.

En realidad, todo es el resultado de un sencillo cálculo político. No hay más que medir cuántos votos de más o de menos obtengo si defiendo la libertad y compararlos con los que obtendría si defiendo la abolición. Y está claro: las prostitutas son transgresoras de la moral tradicional, gracias a la cual han sobrevivido y de donde han obtenido sus mejores clientes. Y además no se pliegan al neo-puritanismo del feminismo colectivista. No tienen nada que hacer. Mientras cada uno lleve su careta seguirán siendo pasto de abusos, no solamente por parte de delincuentes, sino también de las autoridades, quienes supuestamente nos defienden pagados con nuestros propios impuestos y cuya arbitrariedad en los registros y detenciones clama al cielo.

Y en el fondo de las excusas, la perla. ¿Por qué es indigno y degradante vender un servicio sexual y no lo es vender un servicio intelectual? Uno puede vender su talento, su inteligencia, sus consejos, su empatía y su sonrisa. Una puede hasta vender su vida y casarse sin amor con un buen partido. Todo es comprensible si no lo llamas por su nombre: pero eres tan puta como la de la calle.

Otro argumento: es un trabajo terriblemente desagradable, incluso asqueroso. Y también lo es limpiar porquería de enfermos y de ancianos, o bajar a la mina, que además es peligroso, o recoger basura de las calles... y no se denominan degradantes, son empleos muy dignos para los cuales te piden que apruebes un examen, como para darle mérito a la función.
Un cantante vive explotando sus cuerdas vocales, que es una parte de su cuerpo, y a menudo hay una tercera persona, que no es cantante ni cliente, que ejerce de intermediario y se lleva una comisión, muchas veces enorme, de los beneficios: un proxeneta del artista, podría decirse. Y nadie pide que le encarcelen, ni se le señala como mafioso,maltratador o abusador.

¿Entonces cuál es la diferencia real? La de siempre: el cuerpo es malo, en especial el de la mujer, que es impuro entre lo impuro... La raíz del problema nos muestra el machismo recalcitrante de quienes se visten de cordero, el nuevo puritanismo, ahora de izquierdas, que nos gobierna y que pretende callarnos la boca a golpe de Comisión y de gritos.

Volvemos al camisón con agujero y a la quema de brujas...