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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ovidio sí tiene quien le escriba


Me refiero a Ovidio64, el autor de un blog llamado Esto no es democracia. En una de sus entradas, Ovidio hace live-blogging de la tertulia de César Vidal en la que comparto mesa con Mario Noya, Víctor Gago y el propio César.

Hombre, don Ovidio, un comentario minutado de una tertulia en la que los temas salen espontáneamente es jugar con ventaja... uno no habla como escribe...
Pero mi intención no era escudarme en mi propia torpeza oral sino intentar deshacer, por escrito, algunas dudas generadas por mi mala expresión hablada.

Antes de hacerlo tengo que agradecerle el retrato que ha hecho y que ilustra esta entrada. Muchas gracias, me da la sensación de que salgo más favorecida en el retrato que en la realidad, eso es que estamos ante un retratista generoso con los retratados.

El primer tema que me parece interesante es el de las instituciones.

" si se pide la abstención de voto no se puede creer en las instituciones existentes, porque la abstención de voto significa ir en contra del sistema existente. Si no se quiere ir en contra del sistema actual, si se cree en las instituciones actuales, uno va y vota, se puede votar blanco, azul, rojo, multicolor, independentista o asesino, hay para todos los gustos."


Cierto. Pero creo que hay que distinguir entre la institución desde un punto de vista normativo, y la institución desde un punto de vista positivo. Es decir, no hay contradicción en creer en los tribunales de justicia pero renegar de los tribunales españoles actuales. Puede que el sistema sea aceptable pero los nuestros hoy estén corrompidos. Sin que eso implique que mañana lo van a estar o que en otros sitios sucede lo mismo que en nuestro país.

No creo en el sistema electoral de nuestro país, en el que no hay listas abiertas, democracia interna y libertad de voto en nuestros partidos.

Cuando afirmo que no estoy loca (lo cual podría no ser cierto... ¿qué loco reconoce serlo?) me refiero a que no estoy encumbrada en una utopía imposible, aunque sea una mujer idealista. Soy consciente del mundo en el que vivo y trato de encontrar soluciones desde ese punto de partida, aunque no sea el mejor posible.

"Por lo tanto ¿por que iban a estar interesados los políticos en que la justicia funcione bien? Al contrario cuanto peor funcione o mas controlada la tengan mayor despotismo. De cualquier forma tenemos que tener en cuenta que un juez solo es un funcionario que se le exige cierta equidad..."

Buena pregunta. De todas formas, Adam Smith ya habla de la necesidad de que la justicia sea independiente y no un cuerpo de funcionarios. Yo creo en otro tipo de sistema judicial, aunque no confío demasiado en el diseño de las instituciones, sino, más bien en instituciones "a la Hayek", generadas de abajo a arriba.

Finalmente se refiere al tal Pedro de quien habla Víctor Gago señalándolo como mi maestro. Yo soy una economista sin escuela, en realidad. Mi maestro más identificable porque me dirigió la tesis y ha ejercido de "padrino" intelectual (aún le pido consejo muchas veces, y que me dure muchos años) es Carlos Rodríguez Braun.
Pero podría escribir una larga lista de personas de quien he aprendido y sigo aprendiendo cada día.
El tal Pedro, se refiere a Pedro Schwartz, catedrático de mi asignatura en la universidad en la que trabajo. Yo no estoy de acuerdo con el profesor Schwartz, y a modo de répllica, expuse otra idea del profesor Schwartz que justificaba la monarquía porque es más fácil de controlar un Felipe que un ZP.


lunes, 14 de julio de 2008

La gallina dijo Eureka: competencia regulada

Con esta entrada abro una serie de posts extraídos de mi ponencia sobre la reforma universitaria de Bolonia. Son ideas y aspectos que se pueden aplicar en su mayoría a otros ámbitos y que mientras que a mí me parecen obvios a mucha gente no, de ahí el título de la serie "La gallina dijo Eureka". Para entenderlo es imprescindible el visionado del video de Les Luthiers con el mismo nombre que he incluído al final del post, para su deleite.


LA COMPETENCIA REGULADA NO ES COMPETENCIA.

Resulta que el fin último del Plan de Bolonia es que los títulos universitarios europeos superen en calidad, y puedan competir, con los estadounidenses que, desde hace mucho tiempo, y en términos generales, nos llevan la delantera. Bien. Pues compitamos. Pero deje usted que las universidades europeas (o no europeas, que eso ya es lo de menos) tengan manos libres para implementar las mejoras que les parezcan oportunas y que gestionen la docencia y la investigación a su modo.

Si competir implica planificar desde arriba las características que "deben" tener las universidades, los profesores y los planes de estudio para ser mejores que quien sea, no se está compitiendo... se está planificando. Y llámelo compretencia regulada o regulación de mercado... no es competir.

¿A quién beneficia esta mezcla absurda y carísima de conceptos? A quienes viven de la planificación, es decir, a los planificadores. Resumiendo: ni a los alumnos, ni a los profesores (eso se lo aseguro), ni a los gestores de la universidad.

Pero, en última instancia ¿se consigue lo que se pretendía: mejorar la calidad y hacer frente a los títulos de universidades americanas? Pues no. Así de claro.
A quienes ya están con la mano levantada dispuestos a decirme "Oiga todo muy bonito, pero usted habla de una utopía, nunca las instituciones universitarias han competido y nunca podrán" tengo que decirles que es más bien al revés. Solamente desde el siglo XIX (dos siglos en tiempo histórico es muy poco) las universidades son tal y como las conocemos. Fue Humboldt (y alguno más) quien atribuyó a las universidades la cualidad de representar la identidad y cultura "nacionales" lo que justificaba una fuerte presencia del Estado en su organización y funcionamiento. También fue entonces cuando se pervirtió el fin último de la universidad (docencia e investigación) y se convirtió en una máquina expendedora de títulos que te facultan para incorporarte al mercado de trabajo. Es decir, la titulitis y la obsesión por la colocación viene del XIX, no de antes.

Pero unos siglos atrás, cuando las universitas (los studium generale) habitualmente bajo la protección papal, se quedan obsoletas como centros de investigación (hablo del Renacimiento), surgen espontaneamente y en competencia otras instituciones: las reales academias y las sociedades científicas. Es en ellas donde los científicos más destacados de la época realizan sus mayores logros (Huygens, Copérnico, Tycho Brahe...), sin que ello les impidiera dar clase en alguna universidad. Por supuesto que no todas tenían financiación completamente privada. El modelo de la Académie Royale des Sciences de París era público, pero no se trataba de una competencia regulada porque no se diseñaba desde arriba el mercado... y de hecho, la rivalidad con la Royal Academy de Londres que era completamente privada era feroz.

Así que no se trata de una idea irrealizable, sino al revés, lo utópico es diseñar una universidad modélica y perfecta, lista para desbancar a todo el que se ponga por delante, en este caso, los títulos de universidades norteamericanas. Y mucho más cuando el fin que ha servido como excusa (mejorar la calidad para poder competir) se ha disuelto en las etapas tempranas del Plan de Planes como la sal en el agua... ¿como lágrimas en la lluvia?

Más en la segunda entrega...

La gallina dijo Eureka, por Les Luthiers