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lunes, 9 de marzo de 2009

Jorge Valín, sobre el aborto


Jorge Valín me hace pensar. En este caso, acerca del aborto. Cuando oigo hablar de jóvenes de 16 años que abortan, no puedo evitar el escalofrío que recorre mi espalda pensando en mí misma a esa edad, o en las adolescentes que conozco.
Pero la entrada de Jorge Valín en su blog pone encima de la mesa un tema subyacente. La mayoría de edad: ¿realidad o ficción?
Parece claro que la madurez de una niña que con doce años cuidaba a sus hermanos, hacía la comida, iba al río a por agua y se ocupaba de la colada, no es la misma de nuestras niñas de doce años enganchadas a la consola, preocupadas por la delgadez, por conocer a los de Operación Triunfo, etc. ¿O sí? ¿Es un problema del entorno?¿La madurez la marca exclusivamente la edad?¿Con 17 años y medio se es claramente menos maduro que con 18 años y un mes? La mayoría de edad ¿existe o es una ficción oportuna?

Y volviendo al post de Jorge Valín, en sus palabras:

Está bien dar libertad a los jóvenes, pero no sólo aquellas libertades que dan votos o favorecen a lobbies afines al Gobierno, sino todas. Una chica de 16 años podrá abortar sin el consentimiento de sus padres, esto es, se la considera responsable y adulta, sin embargo:

  • Necesita el consentimiento de sus padres para algo tan banal como hacerse un piercing (en algunas partes de España).
  • No pueden tatuarse sin el permiso de sus padres.
  • No pueden conducir.
  • No pueden sacarse la licencia de armas de fuego. Esto es, se les veta ciertos deportes.
  • No pueden beber algunas bebidas alcohólicas.
  • No pueden fumar.
  • No van a la cárcel si comenten algún delito. ¿Un menor es suficientemente adulto (responsable) para abortar, pero no para ir a la cárcel si mata a alguien?
  • No pueden ver ciertas películas o contenidos solas.
  • No pueden entrar en algunos locales por ley, aunque el dueño les quisiera dar permiso.
  • No pueden ejercer ciertos oficios "inmorales" (stripper, escorts…).
  • Y un sinfín de cosas más…
Pero no es eso lo que más me hace pensar, sino el principio de su post:

A diferencia de otros liberales, no creo que los temas personales, como el aborto, tengan que ser sometidos a la opinión de la mayoría. Es un acto individual como casarse, tener un hijo o veinticinco, comprarse una casa o hacerse una operación de cirugía estética. La mayoría no pinta nada aquí.

¿Está demostrado cuándo la nueva vida empieza a ser persona? Hasta que no lo esté, no habrá acuerdo entre los liberales sobre este tema, y probablemente entre los no liberales tampoco. La defensa de la vida de la persona no es igual que la defensa de cualquier forma de vida. Y la postura de Valín es muy clara: la mayoría no pinta nada, no vienen a cuento encuestas y votaciones, se trata de una decisión particular. Y, sobre todo, es una decisión responsable, que debe recaer sobre las espaldas y las carteras de los implicados y de quien quiera voluntariamente implicarse.

¿Son diferentes en este sentido quienes defienden la financiación pública del aborto de quienes defienden las ayudas públicas a madres adolescentes para que no aborten? En ambos casos la carga de la decisión cae en manos de los pagadores de impuestos, seamos pro o anti aborto.

Tema nada fácil, pero personal, no público.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La lunática se confiesa


Hoy el post de Carmen, la lunática que se confiesa, me ha llamado la atención. No compartimos muchas cosas, probablemente no coincido con muchos de sus puntos de vista, pero éste del aborto te hace reflexionar. Transcribo lo que dice (el texto destacado en negrita es suyo):

A mi no me mueven la Fe ni la derecha. Me mueve mi instinto, mi corazón y mi útero. Desprecio por tanto la hipócrita reacción de una Iglesia que durante años condenó a las portadoras de los frutos ilegítimos; a la sociedad burguesa y beata que desfacía entuertos entre la alcoba y el confesionario; a la virulenta revolución feminista con sus sequeronas abanderadas decidiendo sobre los embarazos ajenos, ya que a ellas, de seguro no las preñaba ni un ciego borrachuzo en una noche sin luna. Extiendo mi desprecio a los que, con benévolas intenciones, aplauden las leyes prehistóricas que permiten el asesinato de un ser humano en el seno materno y el de un enfermo deprimido e infeliz sólo por no tener cabida en una sociedad malsana que adora la Perfección como al verdadero Dios. (...)

No he encontrado entre nuestros progresistas gobernantes proyectos de ley por una educación sexual sana y responsable para los jóvenes, más allá de echar condones en los institutos como quien da de comer a las gallinas y pitas, pitas, que se las arreglen como puedan. No he visto proyectos de ley que faciliten la vida de las madres solteras, de las separadas, de las inadaptadas, de las inmigrantes. Todos miramos hacia otro lado cuando vemos a los que no pueden valerse por sí mismos como tachones o errores de un mundo esclavizado por cánones establecidos de salud y belleza. En cambio, a mi se me obliga a contribuir a erradicar las vidas de otros, porque lo dice la Ley, y se supone que si no lo hago soy una reaccionaria radical y antipatriota en este Reino de los Muertos. Por mi se pueden meter sus bienaventuradas leyes por donde el sol no brilla.

Lean hasta el final y los comentarios... merece la pena.